Monday, 01 Sep 2014
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Perdido en la montaña

Es impresionante ver como mucha gente cree que ir a la montaña es igual que hacer un día de campo. Los famosos gamberros, suben sin equipo y con ropa poco apropiada, sin pensar que el clima en un volcán de más de 5,000 msnm puede cambiar de un momento a otro y de formas muy extremosas.

Después de más de 20 escaladas en grupo y en solitario nunca había sentido el respeto que es necesario tenerle a la montaña. No, hasta esta ocasión.

Ese día nos habíamos reunido con el Arqui, la Nona y las dos personas que conozco que saben más de escalada, Daniel y el Rojas. Iniciamos el ascenso a medio día pero con muy buen paso. Era el primer ascenso de la Nona pero como es una guerrera aguantó como pocos!!

El Arqui y yo llevábamos muy buen paso y tomamos la delantera. Después de muchas salidas me di cuenta que es mucho más fácil escalar con lo que llaman “paso 8 mil”. La idea es controlar la velocidad de la caminata y la respiración para no sofocarse, dar pasos pequeños pero ir a una velocidad constante. Una vez que encuentras el paso adecuado para ti es muy fácil seguir y seguir ascendiendo y algo que es curioso, te cansas más cuando haces altos en el camino, porque rompes el ritmo.

En fin, la idea es que el Arqui y yo nos fuimos adelantando pero sin perder contacto visual con el resto de los integrantes de nuestro grupo. Recuerdo las primeras reglas que me dijeron cuando empecé a escalar en grupo:

  • Nunca te quedes solo
  • Nunca dejes solo a alguien

Así que veníamos punteando, llegamos fácilmente al primer portillo. La Nona se sintió un poco mal al inicio, lo que hizo que Daniel y el Rojas decidieran quedarse cerca de ella. Descansamos un poco y nos lanzamos al segundo portillo. La idea era llegar a hacer campamento en el refugio de los 100. Íbamos un poco justos de tiempo pero pensábamos en llegar antes del anochecer. Después del segundo portillo el Arqui tomó la delantera y cuando salimos del tercer portillo se volvió completamente loco. Se convirtió en una cabra montañesa y no le vi ni el polvo. Creo que estábamos muy emocionados por llegar que de pronto perdimos el sentido de grupo. En un momento me di cuenta que empezaba a irse la luz y fue cuando me detuve a mirar a mi alrededor. Estaba completamente solo.

En este punto, cerca de los 5000 msnm, después del tercer portillo la ruta se convierte en un arenal. Es relativamente sencillo ver la ruta porque la arena pisada por la gente que transita adquiere un color ligeramente más claro que el resto. Y además hay ciertas marcas rojas en algunas rocas grandes que te indican que vas por buen camino. Sin embargo, en una noche sin luna cualquiera de estas pistas se desvanece por completo.

La noche se acercaba muy rápidamente así que tuve que tomar una decisión en ese momento. Una opción era esperar al grupo o tal vez regresar un poco para encontrarme con ellos y si veíamos que era mas seguro, regresar al tercer portillo a montar el campamento. El problema es que Daniel llevaba una tienda, Rojas otra y yo la tercera. El Arqui llevaba solamente su sleeping bag. Si el alberge no estaba demasiado lleno podrían hacerle un lugar, pero si no alcanzaba a llegar al albergue, por cualquier motivo, se quedaría a la intemperie.

Fue entonces cuando me decidí por la segunda opción. Acelerar el paso y alcanzarlo. La noche cayó en menos de 20 minutos, estando del lado de Puebla tienes menos acceso a los últimos rayos del sol en el atardecer. Cuando todo se obscureció logré ver las luces de un grupo delante de mi….. ya la hice!!! Seguro estos tipos saben la ruta, así que aceleré el paso para alcanzarlos.

Para mi sorpresa no era el grupo de montañistas experimentados que me imaginaba… cuando me escucharon llegar me preguntaron: Oye!!, tu sabes como llegar al refugio??… eran puros gamberros!!!!!  No llevaban tienda de campaña, ni chamarras adecuadas, algunas chicas llevaban jeans. Pero afortunadamente estaban tan entretenidos platicando entre ellos que nadie estaba espantado.

Deje mis mochila con ellos y me puse a buscar la ruta, al parecer no nos habíamos desviado mucho, arriba se veían algunas luces de otros montañisas que nos indicaban no estar tan perdidos, el problema es que había que encontrar el camino adecuado para subir entre las rocas. Aproveche también para buscar señal porque cuando nos separamos el Arqui y yo nos llevamos un radio, el Rojas llevaba el otro.

Estuve vagando alrededor del grupo buscando la ruta y de pronto, en un momento, tomé conciencia de lo que estaba pasando a mi alrededor. Estaba en un lugar completamente hostil, por la pendiente parecía el inicio de una barranca, apenas podía mantenerme en pie, no podía ver a más de 5 metros a mi alrededor, el frío se hacia cada vez más intenso y las nubes tan cerradas no daban un pronóstico muy alentador para la noche. Había cerca de 12 personas en el grupo y seguramente algunas entrarían en pánico cuando se vieran atrapadas en ese lugar. Justo en ese momento sonó mi radio, era el Rojas. Habían decidido continuar para alcanzarnos, que fortuna!!

Ya con esa comunicación fue muy fácil indicarle donde estábamos atorados. Tardaron como 30 minutos en llegar, fue un alivio verlos. Aquí es donde entra la experiencia y el conocimiento de la montaña. Rojas tardó 10 minutos en encontrar la ruta y en solo 1 hora y media estábamos ya en el refugio. El Arqui estaba ahí, ya había visto la forma de pasar la noche dentro del refugio.

Montamos la tienda y nos metimos a dormir. Durante la noche calló una nevada que tapó por completo las cerca de 30 tiendas que estaban puestas alrededor del refugio. Al día siguiente el clima fue tan malo que solo pudimos subir hasta la cruz y regresar. Tomamos la decisión de regresarnos a México, ese día nadie podría hacer cumbre.


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