Segundo día – La llegada al refugio
Escrito por kike en Alta Montaña, Expediciones Tuesday, 13 January 2009 18:04 Sin Comentarios
El segundo día de la expedición se dividió en dos. La primera parte con ascensos en pendientes de 45° sobre roca, hielo y nieve. Era cansado pero la pendiente tan pronunciada obligaba un paso bastante lento y manejable.
La segunda parte inició cuando la pendiente de 45° cambió a unos 20°. Ya nos había advertido Julián: ”La segunda parte es de mucha paciencia. Caminas y caminas y el horizonte parece alejarse a cada paso que das”.
Esta parte fue mucho más cansada y menos divertida. Nada de técnica, solo caminar como mula. Caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar . Carajo!!! Estuvimos caminando como una hora a un paso más veloz que antes, todos atados a la misma cuerda. De pronto, se detuvieron a hablar Julián y Martín. Tomaron la decisión de separar la cordada. Nos quedamos Javier y yo esperando a que Martín armara el trineo y Julián se llevó a todos los demás. Yo estaba descansando, tomando fotos y viendo como se alejaba poco a poco el otro grupo.
Después Martín nos aseguro a la cuerda y reiniciamos la caminata. Cuando me di cuenta Martín había metido el turbo y estaba prácticamente arreándome para que caminara más y más rápido. Que le pasa a este tipo?!?!?! Días después me enteré que su sobrenombre es ”La Máquina” y me quedo clarísimo porque.
Siempre me las he dado de muy deportista y en esos momentos pensé ”Estoy en buena forma, yo puedo con esto, concéntrate y camina!!” Cuando estas en la montaña es bien importante sincronizar la respiración, con el ritmo cardiaco y la velocidad del paso, así que me concentré y por un momento logré sincronizarme con el paso de Martín. ”Soy grande!!!” pensé, pero el gusto me duró solo 20 minutos.
Alcanzamos al otro grupo y lo rebasamos como si nada, ya cuando estábamos algo adelantados me dio el bajón. Se me terminó la energía por completo. Faltaban 3 horas de caminata y yo no podía más. Sincronizar ”ritmo de respiración” con la ”velocidad cardiaca” y el paso de la cabra loca que iba jalándome no pude hacer nada de eso. Pensé mil veces en decirle a Martín que no podía más, que me dejara para esperar al grupo de atrás y subir con ellos. Pero mi orgullo, las ganas de llegar al refugio y la realidad que nos rodeaba no me dejaba otra opción que seguir caminando como idiota (cada quien camina como quiere o más bien como puede!)
Había empezado a nevar, teníamos fuertes vientos en contra que no dejaban ver al frente y estábamos en medio de una pendiente de nieve inmensa, sin posibilidad refugiarse. Varias veces dijo Martín después de parar a descansar 2 o 3 minutos: ”Vámonos, no podemos quedarnos aquí, es muy peligroso”.
Creo que nunca antes había llegado al límite de mi capacidad física como ese día. Lo único que podía hacer era seguir caminando. Cerré por completo el gorro de mi chamarra hasta dejar solo un pequeño espacio por donde ver. Baje la mirada y me enfoqué en el siguiente paso que tenia que dar. Mi mundo se convirtió en eso, me olvidé de todo lo demás, solo pensaba en dar un paso más y en la maravilla de llegar al refugio. Pensaba lo que iba a hacer llegando: me quitaría la ropa mojada, me comería un elefante entero, me metería al sleeping bag, dormiría 3 días seguidos.
Después de una hora de estar caminando de esa forma creo que alcance el límite de cordura mental. No podía pensar en nada más, decidí cerrar los ojos y poner el piloto automático. Solo dejé que mis piernas siguieran caminando. No supe más de distancias, de tiempos, de nieve, refugios, ni nada. Camine de esa forma otra hora más…. calculo.
La ventaja de estar en ”La cordada asesina” fue poder llegar antes al refugio y tirarme en el piso completamente inerte mientras llegaban los demás. En esta parte de la ruta no pude, ni quise, ni se me ocurrió tomar fotos o video. Lo único que hice fue grabar la llegada del otro grupo una hora después de nosotros. Daniel se soltó de la cuerda cuando tuvo a la vista el refugio. ”Te puedes soltar con la única condición que camines exactamente por nuestra huella” le dijo Julián. Llegó una hora después que el segundo grupo.
Deja una Respuesta