Categoría: Alta Montaña
De acuerdo con nuestro plan de la expedición teníamos que haber dejado el refugio para bajar hacia el Campo de Hielo este día, pero las tormentas de Patagonia no respetan ningún plan. Tuvimos que pasar cerca de 48hrs dentro del refugio esperando una ventana de buen tiempo. Eso es, esperar, esperar, esperar… 17 personas en un refugio de 2×10 metros.
La visibilidad fuera del refugio era como de unos 5 metros. Julián verificaba constantemente la presión atmosférica solo para darnos cuenta que descendía cada minuto que pasaba. No teníamos ningún instrumento para medir la velocidad del viento pero si puedo decir que por las noches simplemente no dejaba ni dormir de tanto ruido que hacia al estrellarse contra las paredes del refugio. “Ojalá no vaya a despegar esta cosa” pensaba.
Casi al final del día Daniel se asomo por una de las ventanas y se dio cuenta que venia otro grupo de andinistas acercándose por el paso Marconi. De tanto en tanto nos volvíamos a asomar para ver como venían. Es impresionante cuanto puedes tardar en recorrer esa distancia.
El segundo día de la expedición se dividió en dos. La primera parte con ascensos en pendientes de 45° sobre roca, hielo y nieve. Era cansado pero la pendiente tan pronunciada obligaba un paso bastante lento y manejable.
La segunda parte inició cuando la pendiente de 45° cambió a unos 20°. Ya nos había advertido Julián: ”La segunda parte es de mucha paciencia. Caminas y caminas y el horizonte parece alejarse a cada paso que das”.
Esta parte fue mucho más cansada y menos divertida. Nada de técnica, solo caminar como mula. Caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar, caminar . Carajo!!! Estuvimos caminando como una hora a un paso más veloz que antes, todos atados a la misma cuerda. De pronto, se detuvieron a hablar Julián y Martín. Tomaron la decisión de separar la cordada. Nos quedamos Javier y yo esperando a que Martín armara el trineo y Julián se llevó a todos los demás. Yo estaba descansando, tomando fotos y viendo como se alejaba poco a poco el otro grupo.
El primer día de la expedición fue un poco difícil para mi. Si bien la ruta era casi por completo plana, batallé mucho con la mochila que venia cargada por completo con el equipo y la comida. Julián nos explicó que la mejor forma de armar la mochila es poner cosas ligeras hasta abajo y tratar de colocar lo más pesado (Las malditas botas plásticas ) al nivel de la cadera. Después, ya con la mochila en la espalda debíamos ajustarla lo más estrecha posible a la cintura y dejar el ajuste de los hombros un poco más relajado. La pelvis es un hueso muy grande, lo más que puede pasar es que se les ponga rojo después de un rato, decía.