Tuesday, 07 Sep 2010
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Avalanchas en Patagonia

Algo muy común en la Patagonia es escuchar estruendos en el aire. A veces sucede cada 15 o 20 minutos, dependiendo del lugar en donde estés. El sonido es como el que hace un avión al pasar justo arriba de ti.
- ¿Qué es eso?
- ¡Un avión! … No.
- ¡Un pájaro! … No.
- ¡Superman!… No.
- ¡Supercan! … Tampoco.
¡¡¡AVALANCHA!!!
En las fotos y videos que tomamos se ve todo muy pequeño porque las rutas que tomábamos eran lo bastante seguras como para solo disfrutar de este fenómeno.

Viajeros del Mundo

La Patagonia es un lugar fuera de este mundo, y como tal alberga gente con formas de vida muy distintas a la mía. Me sorprendió muchísimo encontrar personas que se dedican a recorrer el mundo… eso, a recorrer el mundo.

Guille, uno de los guías de Serac nos contaba que había recorrido la ruta de Ushuaia, Argentina a Fairbanks, Alaska… en bicicleta!!! Se tardó únicamente dos años. Y ya estaba planeando volver a hacerlo.

En el Refugio arriba del Campo de Hielo conocimos a un par de brasileños que estaban esperando buen tiempo para escalar el Gorra Blanca. Uno de ellos, Roberto, nos contó que estaba de vacaciones pero que se dedica a llevar científicos a una base en Antártica para que hagan estudios de Solo-Dios-Sabe-Que.

En Calafate nos encontramos con Rupert, un australiano que estaba iniciando en una Land Rover la misma ruta que hizo Guille en bicicleta, solo que él iria a Nueva York después de pasar por Alaska. Su Land Rover ya había recorrido Australasia, Asia, Europa, África y ahora tocaría América en su Heart of Darkness World Tour.

Lo invitamos a buscarnos cuando llegara a México y nos dijo… Si claro!! Tengo planeado estar allá en año y medio…

Lo mío, lo mío, lo mío, no es la vida nómada, pero vaya que suena interesante!!


La Vuelta al Hielo

Cuando me invitaron a hacer el viaje al Campo de Hielo Sur lo que me imagine fue sólo un trekking glaciar. Si con mucho frío, hielo y nieve pero hasta ahí. Caminando algunos días en plano sobre el hielo, acampar si, pero nada de grandes desniveles… ¡¡pobre iluso!!… Gracias Daniel por venderme la idea tan sencilla. Esta ha sido la expedición más extrema que he hecho en mi vida… y ya descansado en la comodidad de mi casa a unos días de haber regresado… espero pronto poder repetir la experiencia, aunque aún no se cual será el siguiente destino.

¿Porque fue extremo? me preguntaron cuando volví a México… Bueno, en resumen… dos días de viaje desde México hasta un pueblo llamado El Chaltén situado en la Patagonia Argentina. De 10 a 12 horas de caminata por día. Alrededor de 30 kilos de ropa, equipo y comida en las mochilas. Vientos (se dice) de hasta 100 km/hr. Pendientes de 45°. Más de 60km de travesía y 1,000 metros de desnivel haciendo trekking por bosque, ascenso por roca, cruce de ríos con agua a 2°C, progresión en hielo con grietas y caminata sobre nieve.

Bastones, arneses, cuerdas, crampones para el hielo, botas dobles y raquetas para la nieve. 7 días de expedición, eso si, con un par de días de espera y relajación en el refugio gracias a las tormentas de nieve.

Todo esto bajo el cálido clima de verano de la Patagonia que rondaba los 0°C. Poco más de día, poco menos de noche.


Cuarto Día – Atrapados en el refugio

De acuerdo con nuestro plan de la expedición teníamos que haber dejado el refugio para bajar hacia el Campo de Hielo este día, pero las tormentas de Patagonia no respetan ningún plan. Tuvimos que pasar cerca de 48hrs dentro del refugio esperando una ventana de buen tiempo. Eso es, esperar, esperar, esperar… 17 personas en un refugio de 2×10 metros.

La visibilidad fuera del refugio era como de unos 5 metros. Julián verificaba constantemente la presión atmosférica solo para darnos cuenta que descendía cada minuto que pasaba. No teníamos ningún instrumento para medir la velocidad del viento pero si puedo decir que por las noches simplemente no dejaba ni dormir de tanto ruido que hacia al estrellarse contra las paredes del refugio. “Ojalá no vaya a despegar esta cosa” pensaba.

Casi al final del día Daniel se asomo por una de las ventanas y se dio cuenta que venia otro grupo de andinistas acercándose por el paso Marconi. De tanto en tanto nos volvíamos a asomar para ver como venían. Es impresionante cuanto puedes tardar en recorrer esa distancia.


Tercer día – Ahora si, a turistear

Después de una de las peores chingas de nuestras vidas, el tercer día de expedición nos pusimos a turistear. Sacar fotos, tomar videos, sacar fotos, tomar videos, sacar fotos, tomar videos…. Eso si, después de dormir como 18 horas seguidas para tratar de recuperar fuerzas
Afortunadamente, ese día nos tocó uno de los mejores climas de todo el viaje. Se ve en las fotos, no??

 

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