Sunday, 05 Feb 2012
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Caminata Parres – Tepoztlán

Pues este domingo decidimos pasear por las hermosas rutas del sur de la Ciudad de México, pero sin bicicileta. Así que decidimos irnos de Parres a Tepoztlán caminando. Fuimos Elena (lamdalelena), Luís (luiggi), Paty (la tejoncita) y yo. Salimos a las 8 de la mañana de Taxqueña a Parres en autobús en lo que nos comíamos unas empanadas de atún y de papa con carne que compramos en la terminal. Elena y Luis hacían lo propio con unas deliciosas tortas de tamal verde (y digo deliciosas porque me acabé comiendo media torta de Luis).

“El domingo pasado trepaba las colinas,
por averiguar un mundo que ha rodeado la ciudad,
de bosques de eucaliptos, de pinos y de encinas,
de verde sobre verde, sol y viento matinal.”
Llegamos a Parres y empezamos a caminar. Cruzamos la carretera, luego la ciclopista y luego la Autopista por abajo de un túnel. Nos metimos al bosque por una terracería. Un poco después vimos una Y. ¿Para dónde? Para la izquierda (lo sé después de aprender a prueba y error en una caminata anterior con Rod). De cualquier manera sacamos el mapa y la brújula para empezar la primer lección de orientación. Orientamos el mapa al norte y tomamos como referencias el Pelado y el Cuautzin. Seguimos caminando en lo que platicábamos de algunos términos de orientación, como los diferentes sistemas de coordenadas, datums, brújulas GPS’s, etc… Además de la declinación e inclinación magnética y los tres diferentes nortes que hay. Los paisajes que vimos en esa parte son hermosos.
“La cosa es que me andaba por respirar de esta vida,
que desde tiempos olvidados habita un lugar,
donde se eneñorean las distancias donde la vista
puede ir a donde quiera ya no hay tanto que mirar
Seguimos caminando y cuando encontramos otra Y que no conocía volvimos a sacar el mapa. La segunda lección trató de intersección de líneas en el mapa tomando referencias con el espejo de la brújula. Ya estábamos cerca del Tulmeac. Seguimos de nuevo por la izquierda hasta que llegamos al Ojo de Agua del Tumleac, que todos ya conocían por haber hecho la ruta del Cuautzin en bici hace dos semanas. Llevábamos casi 8 km y terminaba la subida. Luís se veía un poco cansado y les comenté que este era el único punto para regresar y abortar la misión. Ya que desde ahí se puede regresar a San pablo Oztotepec y tomar transporte a Xochimilco. Pero decidimos continuar. Así que seguimos caminando por la ruta de las bicis, puro camino ancho.

Esperamos un poco a Elena y Luís mientras nosotros veíamos el mapa otra vez. Esta vez nos orientamos con el Tlaloc y La Comalera. El Tlaloc nos sirvió como referencia durante casi todo el camino debido a su tamaño y altura. Cuando llegaron Elena y Luis comenzó la tercera lección de orientación: el uso del GPS. Seguimos caminando y llegamos a la famosa Y que divide el camino a la izquierda a “La Quinta” (hacia la carretera de Oaxtepec), o a la derecha a Tepoztlán.

Pasamos por el hermosísimo mar de lava con la promesa de llegar rodando ahí para hacer la ruta del Cuautzin (vía larga). Cada vez que se retrasaban un poco Elena y Luís los esperábamos en las intersecciones e Y griegas para que no se perdieran. De pronto nos dimos cuenta que nos habíamos pasado en una desviación que teníamos que tomar a la derecha. Sacamos de nuevo el mapa y nos dimos cuenta de que ese camino nos iba a sacar a Santo Domingo Ocotitlán, que también lleva a Tepoztlán pero después de muchas vueltas. Así que decidimos caminar a campo traviesa como un kilómetro hacia el poniente para reencontrar el camino a San Juan Tlacotenco. Sin duda fue el kilómetro más cansado porque no íbamos por un camino marcado y había que escalar y desescalar algunas “paredes” de lava.

“Si me enamoro en este bosque, ¿te imaginas?”
Una vez de regreso al camino seguimos y ya nos quedaban atrás el volcán San Bartolo y La Comalera, el Tlaloc ya casi no se veía. Entonces empezamos a tomar como referencia el enorme Chichinautzin, pasamos entre ese volcán y dos más pequeños. Los verdes de los árboles son hermosos… El paisaje increíble. Encontramos a cuatro o cinco humanoides pasando el día en el bosque y traían a su perrita “Chela”. Nos despedimos de ella y seguimos. De pronto se empezó a cerrar el bosque y a hacerse la vereda más angosta. Cambió el tipo de vegetación por una más tropical, empezamos a descender más rápido. Ya llevábamos casi 30 km. Para desentumirnos los pies Paty y yo empezamos a trotar varios kilómetros en intervalos y eso nos ayudó a cambiar el grupo de músculos que usamos para caminar.

Cuando vimos una Y en el bosque cerca de unas vacas nos sentamos a esperar a Luís y a Elena como 40 minutos en lo que contemplábamos el paisaje y en lo que mi pantalón absorbía la resina del árbol en que estaba sentado. ¿Huele a mentol o a Aguarrás? No nos poníamos de acuerdo. Ya eran cerca de las 5 de la tarde y empezaba a meterse el sol. Estaba como a 10 o 15° del horizonte. En cuanto llegaron Luis y Elena seguimos caminando nuestros últimos 5 o 6 km para llegar a Tlacotenco. Se quedaron atrás de nuevo y mientras anochecía seguimos caminando Paty y yo. Terminó de oscurecer y nosotros todavía no habíamos sacado las lámparas (que afortunadamente traíamos aunque no pensábamos usar, gracias al consejo de Rod).

“Un domingo en el bosque por la tarde se camina,
y se visitan lugares donde puede ocurrir qué,
las sombras de los árboles jugaran con la vista
y quisiera refugiarme en el aroma de tu piel.”
De pronto cuando ya estaba oscuro pasó una camioneta con las luces prendidas. Venían los ocupantes gritando y haciendo ruido, se notaba a leguas que estaban MUY borrachos y ante el miedo de que nos fueran hacer algo Paty y yo saltamos hacia adentro del bosque (como viles liebres en el camino) para escondernos y que no nos vieran. Uno nunca sabe. Cuando pasaron seguimos caminando. Saqué la lámpara para ver mejor tanto el camino como el GPS (porque ya no tenía mucha pila). Afortunadamente empezamos a ver hacia abajo las luces del pueblo, y un poco más abajo las de Tepoztlán. Empezamos a escuchar la misa de la Iglesia de Tlacotenco ya que con un altavoz el padre cantaba. Ya estamos cerca, le dije a Paty. Cuando volteamos a ver el cielo estaba impresionante. Ante tal oscuridad se veían hermosas las estrellas que desafortunadamente no pudimos disfrutar por la preocupación de que Elena y Luís no aparecían y ya era tarde. Pudimos ver a Casiopea, las Pléyades y Orión.
“Y atardecer contigo y el viento en tus cabellos,
y el frágil de tu cuello tan fácil de acariciar,
tus valles y tus montes, tus vueltas tus senderos
los cubriría de luz bajo este sol ornamental.”
(Fernando Delgadillo)
Luego comentamos: Seguro Elena quería que se hiciera de noche para tomar la cuarta lección: “Orientándose con las estrellas”, JAJAJAJAJA, es broma… seguimos caminando y por fin llegamos al pueblo. Nos paramos justo en el centro, donde empieza la carretera a Tepoztlán y los esperamos preocupados cerca de 35 minutos. Mientras empezamos a checar el transporte que nos llevaría de Tlacotenco a Tepoztlán. Cuando los encontramos resulta que ellos ya habían llegado al pueblo. ¿Cómo?, pues cuando vieron pasar a los borrachos en su camioneta les pidieron un aventón porque ya estaban cansados. Ellos pensaban vernos en la vereda desde la camioneta, pero al habernos esconiddo de la camioneta nunca nos vieron. Nunca nos imaginamos que Elena y Luís venían con los briagos… Elena le llamó a Rod para preguntarle el nombre del pueblo, y le contó toda la historia. Rod le dijo: “…la crónica va a estar buena, jajajaja…”. Y en efecto, al arrancar el autobús a la Cuidad de México, cerré los ojos y empecé a escribir la crónica en mi mente.

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