Primer acercamiento a la montaña

Mi primer experiencia de escalada fue de lo más traumática! Tanto que seguí haciéndolo durante todos estos años. Ese dia ibamos Daniel, el Chapa y yo, primera vez para los últimos dos. Salimos un viernes por la tarde de la ciudad de México con rumbo de Amecameca, la idea era llegar al albergue todavía de día pero con el tráfico de la ciudad nunca se sabe lo que pueda ocurrir. Después de pasar por Amecameca y un par de pueblitos más voltea Daniel y nos dice... "Ahora sí méndigos, este es el último punto de civilización que pasamos asi que no hay marcha atrás!".

Lejos de sentirnos preocupados, esa frase nos emocionó aún más, creo que nos gusta la mala vida! Recorrer el camino hasta el albergue en la noche fué una cosa impresionante, era ya de noche y la vegetación se cerraba cada vez más sobre nosotros. El camino obviamente lleno de curvas cerradas, humedad, baches, etc. Después de algunos minutos llegamos a Paso de Cortés en donde nos abrieron el paso para continuar hasta Altzomoni. Conviene llegar temprano a este punto ya que después de cierta hora ya no te dejan pasar.

En Alztomoni hay un centro de telecomunicaciones con repetidoras de televisión, radio, etc. Ademas de un albergue para montañistas. Finalmente llegamos después de unos 30 minutos de terracería y al salir del coche tuvimos el primer contacto con el clima real de montaña. El cielo clarísimo, frio, aire limpio y viento, muuuucho viento, de ese que sientes como mil alfileres en la cara, que no te deja escuchar nada y te empuja por la espalda si estas desprevenido. Altzomoni esta como a 4000 msnm (metros sobre el nivel del mar).

Pasamos la noche ahí, bastante cómodo, hay literas y 3 o 4 habitaciones separadas con chimenea, ah! y un par de baños. A la mañana siguiente salimos como a eso de las 6:30 para descubrir el maravilloso paisaje que estaba a nuestro alrededor. De un lado el Popocatépetl con su permanente fumarola y del otro el Iztaccihuatl, ambos imponentes y llenos de nieve.

Tomamos algunas fotos y luego iniciamos la aproximación al Izta. No se porque pero decidimos iniciar la caminata desde ese punto en vez de ir en el coche hasta La Joya que tiene un camino directo para ascender más arriba de los pies. En fin, así lo hicimos, el inicio de la caminata fue sencillo, simplemente bajar de Altzomoni y después un plano, ambos sobre el camino de los coches.... facilísimo!

Ya que estábamos cerca de los pies decidimos salir del camino de terracería y tomar campo traviesa para llegar a la ruta de escalada común que estaba más arriba.... y ahí, justo ahí, es donde empezó el tormento. Que difícil es ir campo traviesa!! y mucho más a 4000 msnm. Justo en ese momento tuve mi primer contacto con eso que llaman "mal de montaña", mareos, dolor de cabeza, zumbido en los oídos, náuseas. Afortunadamente no fue muy grave, las náuseas no me dieron!! Pero si lo cargué durante todo el recorrido. No había pasado 1 hora de recorrido cuando yo ya quería regresarme al albergue pero, obvio, yo no iba a abortar la misión si los otros dos querían seguir!! Además solo había pasado 1 hora!!! que nena!!! jajajaja.

El caso es que me los puse bien puestos y me decidí a continuar. Los recuerdos que tengo de ese ascenso son un poco vagos y nebulosos, por estar luchando conmigo mismo, con la falta de aire y con la falta de condición para esas actividades. No es suficiente con hacer mucho ejercicio y jugar mucho futbol, también es importante aclimatarse y acostumbrar al cuerpo a las alturas. Cuando llegamos a la ruta normal de ascenso fue como llegar a un oasis, caminar por terreno firme, rocas y un poco de lodo es mucho más fácil que andar entre arbustos. Con ese cambio de ruta y las pasas con chocolate que íbamos comiendo me di fuerzas para continuar.

Quien me iba a decir que unas horas después íbamos a llegar al arenal. Un paso para adelante, dos para atrás... demonios!!! Después de mucho batallar y de estar retrasando a los otros dos logramos (logré) llegar al refugio de los cien que esta como a 5000 msnm. Lo único que hice ahí fue acostarme, tratar de dormir un poco y lidiar con mi dolor de cabeza.

Me di cuenta que escalar significa una lucha constante no con la montaña sino con uno mismo, con tu propias limitaciones y prejuicios y que a fuerza de ser perseverante puedes lograr lo que sea que te propongas. Después de darme cuenta de esto y de una recuperación de 2 semanas estaba listo para la siguiente.