Una semana en Catorce

Una de mis primeras experiencias de acampada fue de lo más extrema. En realidad no se trató de una acampada solamente, sino de toda una expedición. Uno de mis mejores amigos de la Universidad sacó el tema un día.

  • David: Has ido al desierto de San Luis?
  • Yo: A que?
  • David: Como que a que?? A acampar!!
  • Yo: Solo he ido a acampar a Oaxtepec
  • David: Que??? Eso no es acampar!! Eso es un día de campo… para nenas…

mapa

Mapa con la ruta a Real de Catorce, la línea azul marino es la ruta en tren, la línea azul claro es la ruta en carretera.

Dos meses después estábamos en mi casa viendo los últimos detalles y el equipo que nos llevaríamos a la expedición. La idea era salir en tren desde la ciudad de México y bajar en Estación Catorce, pasar 7 días en el desierto y regresar en camión.

Ahí estábamos revisando la lista de cosas que debíamos llevar: 1 galón de agua, comida enlatada, lámpara, navaja, ropa de mucho calor para el día y ropa de mucho frío para la noche, kit de higiene personal, botas de suela ancha (las espinas allá tienen de 3 a 4 cm de largo), cámara fotográfica, libreta para escribir, entre otras cosas. Yo quería llevar muchas cosas más que según yo me iban a ser útiles en el viaje… pobre niño iluso de ciudad. Después de recibir varias negativas de David, me dijo una frase cargada de sabiduría expedicionaria:

  • Mira cabrón! Puedes llevar lo que quieras, pero tu lo vas a cargar!

El viaje

Al día siguiente estábamos a las 7 de la mañana en la estación de Buena Vista abordando el tren para Tijuana. Cual sería mi sorpresa al darme cuenta que eran las 4 de la tarde y apenas estábamos llegando a Querétaro. Nunca olvidaré ese trayecto, toda una prueba de paciencia. Llegamos a 1 de la mañana del día siguiente a Estación Catorce… 18 horas de viaje en las que nos sumergimos por completo en otra forma de vida. Descubrimos la manera en que la gente vive literalmente del tren. Viajando de un lugar a otro, vendiendo cosas a los pasajeros, transportando mercancía, animales, etc. Una experiencia invaluable, un México que jamás había imaginado.

Con la espalda hecha pedazos tomamos las mochilas de 30 kilos he iniciamos la caminata, la idea era salir del pueblo, internarnos en el desierto y montar el campamento. Pero una señora se acercó a nosotros y nos ofreció asilo en su casa para pasar la noche. Estábamos tan cansados que no lo pensamos dos veces. Nunca en la vida he vuelto a pagar tan poco por pasar una noche: $7 pesos por persona.

Al día siguiente, después de un sueño reparador, nos levantamos temprano y nos pusimos a caminar. Seguimos el camino que va desde Estación Catorce hacia Real de Catorce y justo antes de subir a la sierra de Catorce, pasando el pueblo de Los Catorces, nos desviamos… caray…. cuantos 14'’s más en esta historia?? El caso es que dejamos el camino transitado para internarnos, ahora si, en el desierto y alejarnos por completo de la “civilización”. Después de una caminata de 3 o 4 horas decidimos montar el campamento. Estábamos justo frente al Quemado, una montaña preciosa que se sitúa justo en el límite entre la sierra y el desierto. Es una montaña sagrada para los Huicholes, que hacen peregrinaciones de cientos de kilómetros para realizar ceremonias en la cumbre. Es un tema de suma importancia para ellos.

La verdad es que no logramos alejarnos tanto de la civilización porque el calor era realmente insoportable. Pasamos 3 días en el campamento, sin poder salir de la tienda mas que en el amanecer y el atardecer. El clima era constante… siempre estaba de la chingada!! El calor era insoportable en el día, y el frío otro tanto en la noche. Nos terminamos el agua antes de lo previsto, así que decidimos regresar a la civilización y buscar el jeep que sube a Real para tomar el camión de regreso.

Estar 5 días completos en ese otro México de trenes, de pueblos, de naturaleza y de gente sencilla fue de lo más interesante y educativo.

El atardecer

Una de las cosas que más disfruté de este viaje fue tener el tiempo para sentarme en una piedra a ver el atardecer de principio a fin. Y darme cuenta que dura aproximadamente 2 horas!

Cada instante que pasa el cielo cambia de color: morado intenso, verde agua, rojo encendido, amarillo, naranja, etc. Las nubes se iluminan de forma distinta, cambian de lugar, cambian los brillos, los reflejos. El viento sopla distinto, huele distinto. Se apagan algunos sonidos y despiertan otros. El mundo en general cambia de personalidad en un proceso sutil pero intenso a la vez.

“The twilight is the crack between the worlds”

Cuando le platico este viaje a cualquier persona la primer pregunta que me hacen es:

  • El: Y que es lo que hacías tantos días en el desierto?
  • Yo: Cosas que no haría en ningún otro lugar
  • El: Como que?
  • Yo: Ver el atardecer de principio a fin, alguna vez lo han visto?
  • El: Si claro!
  • Yo: Cuanto tiempo dura?
  • El: Como 20 minutos?